Como si fuera un retrato de Giuseppe Arcimboldo, las vaquitas, apretadas una junto a otra como un damero, van trazando el perfil de don Juan Manuel de Rosas. Apiñadas insinúan el lujoso uniforme militar, delincan el rostro adusto, la cabellera ensortijada y las largas patillas que contornean el mentón. Vacas, solo vacas. Un rostro: el del Restaurador de las Leyes que en sus duras facciones encierra una parábola que lo excede: la del matadero. Ahí donde las vacas se carnean. Ahí donde todo se carnea.
La fantasía de Efremov, al igual que una gran parte de los autores soviéticos de ciencia ficción, nos recuerda un poco los desasosegante mundos de H. P. Lovecraft, con sus detalladas descripciones de sombras y de seres no comprendidos. El mito, la leyenda, son fuentes que manan puntos de partida para obras que narran lo que quizá está ahí y no conocemos. Sobre todo en la U.R.S.S., donde el misterio de los grandes bosques compite con el sobresalto de los grandes desiertos..
En un viejo palacio veneciano, que sirve de escenario romántico a la historia, tres caracteres se enfrentan por el legado de Aspern, famoso poeta: un editor apasionado en busca de los "papeles" de su autor favorito, una astuta mujer centenaria que fue amante del poeta y guarda celosamente esos "papeles", y la estúpida e ingenua sobrina, que se convierte en el eje de la lucha sorda y tensa entre el editor y la anciana Toda la narración está envuelta en misterio, casi en un suspenso que deja al lector asombrado...